Agricultura Ecológica

 

Los transgénicos crean cada vez más controversia

 

El enorme avance de la investigación biotecnológica en los últimos años ha permitido desarrollar técnicas que logran introducir o eliminar un gen o determinados tipos de genes de forma específica en el genoma de un organismo, para producir seres vivos (animales, plantas, microorganismos) con nuevas y mejores características. Este tipo de manipulación denominada Ingeniería Genética ha dado lugar a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), objeto de actual polémica. La controversia sobre las ventajas e inconvenientes que implica la obtención de especies manipuladas genéticamente tiene lugar a todos los niveles, desde la comunidad científica hasta los ciudadanos, pasando por los responsables gubernamentales, los grupos ecologistas y, por supuesto, las empresas con o sin intereses económicos.

Un transgénico es un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes. Las técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano) para introducirlos en el material hereditario de otro. La diferencia fundamental con las técnicas tradicionales de mejora genética es que permiten franquear las barreras entre especies para crear seres vivos que no existían en la naturaleza. Se trata de un experimento a gran escala basado en un modelo científico que está en entredicho.

La aparición de nuevos estudios sobre los posibles efectos adversos para el medio ambiente del cultivo de transgénicos está sembrando dudas en la comunidad internacional.

Según señala Greenpeace en su Guía roja y verde de alimentos transgénicos, estos cultivos suponen un incremento del uso de tóxicos en la agricultura, contaminación genética, contaminación del suelo, pérdida de biodiversidad, desarrollo de resistencias en insectos y “malas hierbas”, riesgos sanitarios y efectos no deseados en otros organismos. Los efectos sobre el conjunto de los seres vivos son irreversibles e imprevisibles.

“Los riesgos sanitarios a largo plazo de los OGM presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no se están evaluando correctamente y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, aparición de nuevos tóxicos, pérdida de eficacia de ciertos medicamentos o efectos inesperados son algunos de los riesgos”, destaca la organización.

La progresiva implantación de las semillas transgénicas en la agricultura, al margen de otras consideraciones, supone la desaparición de los cultivos tradicionales, patrimonio común de la humanidad,  y su sustitución por otros cuyo control esta en manos de unas pocas empresas multinacionales, las cuales están empezando a manejar y dirigir el mercado mundial de alimentos y cultivos vegetales de interés comercial.

Único país en producir transgénicos

 

España es el único país de la Unión Europea donde se produce transgénicos a nivel comercial. La superficie de estos cultivos en España alcanzó las 110.000 hectáreas en 2009, según un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

En 2008, siete de los 27 países de la UE plantaron oficialmente maíz Bt con fines comerciales. La superficie total de estos siete países pasó de 88.673 hectáreas en 2007 a 107.719 hectáreas en 2008. Esto equivale a un incremento interanual del 21% (19.046 hectáreas). Por número de hectáreas, estos países son España, República Checa, Rumanía, Portugal, Alemania, Polonia y Eslovaquia, señala el informe Situación mundial de la comercialización de cultivos biotecnológicos/transgénicos en 2008, El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas

Este incremento de superficie se debe a las ventajas productivas y económicas derivadas del cultivo de OGM, que cada año es “más atractivo” a los agricultores, “a pesar de las restricciones normativas y presiones políticas” en la UE, según detalla el informe del departamento de Agricultura de Estados Unidos que analiza la biotecnología agraria en 2008 en la UE-27. Explica, además, que países como Bélgica, República Checa, Alemania, Hungría, Portugal Rumanía o Eslovaquia han establecido normativas de coexistencia nacionales entre cultivos transgénicos, convencionales y ecológicos y en otros como España o Reino Unido aún se está elaborando, mientras que se prohíbe su cultivo en Austria, Francia, Grecia, Hungría o Italia.

En el caso concreto de España, asegura que el debate sobre coexistencia entre cultivos continúa, y que los agricultores siguen sembrando OGM “sin un Decreto que proteja a los productores ecológicos” y refleja que con el paso de los años se hace cada vez más necesaria que se impongan condiciones de coexistencia, especialmente sobre la distancia de aislamiento.

Transgénicos en los alimentos

 

El primer alimento, modificado por la ingeniería, en ser producido para el consumo masivo fue el tomate Flavr Svr. Los alimentos que posteriormente se modificaron fueron la soja transgénica, en la cual se modificó su constitución para hacerla más resistente a herbicidas y el maíz, al que se le modificó para resistir determinados insectos y generar mayores rindes por cultivo y cosecha.

Los ingredientes (sustancias transgénicas) más habituales y a tener en cuenta al momento de leer una etiqueta de alimentos son los siguientes: lecitina de soja, proteína vegetal texturizada, proteína texturada de soja, dextrosa, aceite vegetal hidrogenado, emulsificante - proteína de soja aislada y harina de soja

Actualmente la mayoría de los productos contienen bases de soja o lecitina de soja, y suelen aparecen camuflados bajo la inscripción 322.

Las aplicaciones de la ingeniería genética reconocidas para obtener productos de características mejoradas son las siguientes:

-Apio/Zanahoria: prolongar el caroteno crujiente en el momento de ser ingerido.

-Café: Mejorar la resistencia al ataque de insectos, Incrementar el rinde productivo (rendimiento de la plantación y la cosecha), Reforzar el aroma y Reducir el contenido de cafeína.

-Maíz: incrementar la resistencia al ataque de insectos.

-Patatas: potenciar su resistencia a ser afectada por virus, aumentar su resistencia al ataque de insectos, reducir su capacidad de absorción de aceites (durante la fritura), y obtener variedades más dulces

-Soja: reducir la necesidad de utilización de fertilizantes, favorecer su resistencia a herbicidas más selectivos, incrementar su aporte nutritivo aumentando su valor proteico y eliminar los componentes causantes de alergias.

-Uvas: Conseguir nuevas variedades sin semillas.