Agua

 

22 de Marzo

Día Mundial del Agua 2011

Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano

Acerca del Día Mundial del Agua

El Día Mundial del Agua se celebra internacionalmente y de forma anual el día 22 de marzo a fin de llamar la atención sobre la importancia de los recursos de agua dulce del planeta y de fomentar su gestión sostenible. Cada año, el Día Mundial del Agua hace especial hincapié en un aspecto específico de los recursos hídricos.

Esta es la primera vez en la historia de la humanidad que la mayoría de la población mundial vive en ciudades: 3.300 millones de personas… y el paisaje urbano sigue creciendo. El 38% del crecimiento tiene su origen en la expansión de los barrios de tugurios. La población urbana está aumentando más rápido que la capacidad de adaptación de su infraestructura.

Bogotá (Colombia)
Bogotá (Colombia)

El Día Mundial del Agua 2011, Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano, tiene por objeto centrar la atención internacional sobre el impacto del rápido crecimiento de la población urbana, la industrialización y el cambio climático, tanto en los recursos hídricos, como en la capacidad de protección del medio ambiente de las grandes ciudades y las medianas poblaciones urbanas. En esta jornada se debatirá acerca de cuestiones clave, como la creciente demanda de agua y saneamiento en las zonas urbanas, el aumento de la contaminación causada por los vertidos municipales e industriales, el cambio climático y los riesgos imprevistos y desafíos que conlleva, la sobreexplotación de los recursos hídricos disponibles, y la necesidad de prestar más atención y llegar más a los habitantes las zonas urbanas más pobres. Asimismo, se analizará el papel fundamental que desempeñan los gobiernos locales y otros proveedores de servicios para hacer frente a estos desafíos.

Ciudad del Cabo (Sudafrica)
Ciudad del Cabo (Sudafrica)

El evento oficial del Día Mundial del Agua 2011 se celebrará en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, del 20 al 22 de marzo de 2011, en el Centro de Convenciones Internacionales de Ciudad del Cabo.

Por su parte, con motivo del Día Mundial del Agua, ONU-WWAP está organizando una serie de eventos y actividades en las instalaciones de su Secretaría, en Villa La Colombella, Perugia, Italia, y en ese área. Dichos eventos incluirán una presentación con casos de estudio abordan la gestión de los recursos hídricos en zonas urbanas y la proyección de documentales sobre el agua en distintos cines de Perugia y que terminará con la entrega de premios del proyecto "Water for All, All for Water" (Agua para Todos, Todos por el Agua), una iniciativa WWAP-POST implementada juntamente con las escuelas locales en el marco del Día Mundial del Control de la Calidad del Agua con el objetivo de que los jóvenes tomen conciencia de la importancia de la calidad del agua para nuestras vidas

La campaña del Día Mundial del Agua en 2010 está siendo organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en nombre de ONU-Agua, en colaboración con la FAO, el PNUD, la CEPE, UNICEF, UNESCO, ONU-Hábitat, la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el Programa para el Decenio del Agua sobre promoción de intereses y comunicación de las Naciones Unidas, así como con otras organizaciones asociadas, tales como la Asociación Internacional del Agua, el Fondo Mundial para la Naturaleza y el Consejo Mundial del Agua.

La campaña del Día Mundial del Agua en 2010 está siendo organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en nombre de ONU-Agua, en colaboración con la FAO, el PNUD, la CEPE, UNICEF, UNESCO, ONU-Hábitat, la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el Programa para el Decenio del Agua sobre promoción de intereses y comunicación de las Naciones Unidas, así como con otras organizaciones asociadas, tales como la Asociación Internacional del Agua, el Fondo Mundial para la Naturaleza y el Consejo Mundial del Agua.

Esencial para la vida

 

El agua es esencial para la vida y todas las personas deben disponer de un suministro satisfactorio (suficiente, inocuo y accesible). La mejora del acceso al agua potable puede proporcionar beneficios tangibles para la salud. “Debe realizarse el máximo esfuerzo para lograr que la inocuidad del agua de consumo sea la mayor posible”, señalan desde la OMS.

En su Guía para la calidad del Agua Potable, la OMS incide en que la gestión preventiva es el mejor sistema para garantizar la seguridad del agua de consumo y debe tener en cuenta las características del sistema de abastecimiento de agua, desde la cuenca de captación y la fuente hasta su utilización por los consumidores.

La gestión de los recursos hídricos es un componente integral de la gestión preventiva de la calidad del agua de consumo. La prevención de la contaminación microbiana y química del agua de origen es la primera barrera contra la contaminación del agua de consumo que supone un peligro para la salud pública.

La gestión de los recursos hídricos y las actividades humanas potencialmente contaminantes en la cuenca de captación influirán en la calidad del agua aguas abajo y en los acuíferos. A su vez, esto influirá en las operaciones de tratamiento que se precisarán para garantizar la seguridad del agua, pero puede ser preferible adoptar medidas preventivas que mejorar los tratamientos.

El grado de responsabilidad en materia de gestión de los recursos hídricos de los organismos con competencias en materia de salud o de suministro de agua de consumo varían mucho de unos países y comunidades a otros, se señala en la guía mencionada anteriormente. Con independencia de las estructuras gubernamentales y de las responsabilidades sectoriales, es importante que las autoridades de salud se coordinen y colaboren con los sectores que gestionan los recursos hídricos y regulan los usos de la tierra en la cuenca de captación.

“El agua es esencial para la vida y todas las personas deben disponer de un suministro satisfactorio (suficiente, inocuo y accesible). La mejora del acceso al agua potable puede proporcionar beneficios tangibles para la salud”.

Sin acceso a agua potable

 

El 67% de la población mundial seguirá sin tener acceso al agua potable en 2030”,destaca el III Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, que se presentó durante el V Foro Mundial del Agua en Estambul, Turquía, en marzo de 2009.

Las presiones sobre los recursos hídricos no dejan de aumentar en un mundo cada vez más desarrollado. “Las causas son el crecimiento de la población mundial y sus desplazamientos, el aumento del nivel de vida, los cambios de hábitos en la alimentación y la presión por la producción de biocarburantes”, señala el informe El agua en un mundo en cambio.

El informe, que se publica cada tres años, afirma que algunos países “están llegando al límite de la explotación de sus recursos hídricos”. A esto se añaden los efectos del cambio climático que agravarán la situación. Por ello, los expertos consideran que la cuestión del agua podría llegar a politizarse debido a “las rivalidades emergentes entre diferentes países, diferentes sectores de actividad, y entre zonas rurales y urbanas”.

En España, el informe alerta que la mayor preocupación es el uso del agua para la irrigación de los campos agrícolas para posteriormente exportar frutas y aceite. Este uso se verá cada vez más cuestionado por el cambio climático, que limitará la disponibilidad de agua. Ante este panorama, España sólo reutiliza el 1,1% de las aguas procedentes del drenaje del agua en la agricultura y destina parte a la desalinización para su uso.

A pesar del incremento de las sequías en España desde 1960, el informe explica que el país está logrando gestionar sus recursos a través de la adaptación. Sin embargo, la UNESCO denuncia que miles de propiedades españolas, sobre todo en Andalucía, “se han creado ilegalmente junto al mar generando una contaminación incontrolada de los recursos hídricos, la degradación de los ecosistemas, una escasa protección ante las inundaciones, la expansión urbana que aumenta las tensiones hídricas, y la sobreexplotación y agotamiento del agua subterránea”.

En el resto del mundo, los problemas son mayores. Ante la inexistencia de servicios básicos adecuados relacionados con el agua (agua potable segura, saneamiento y producción de alimentos) en muchas regiones del mundo y si estas tendencias persisten, se prevé que en 2030 unos 5.000 millones de personas, seguirán desprovistos de servicios adecuados de saneamiento.

Con estas previsiones no parece que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que indican que en 2015 más del 90% de la población mundial utilizará fuentes mejores de agua potable, se vayan a cumplir. Según el informe, los progresos en materia de servicios básicos de saneamiento son insuficientes para alcanzar el objetivo fijado.

África Subsahariana cuenta todavía con 340 millones de personas sin acceso a agua potable segura, y 500 millones de personas carecen de acceso a servicios de saneamiento adecuados. Esta cifra coincide con las personas más pobres, que viven con menos de 1,25 dólares al día.

La desigual situación mundial repercute en la salud de las poblaciones. El 80% de las enfermedades que azotan a los países en vía de desarrollo están relacionadas con el agua y causan la muerte prematura de unos tres millones de personas. La diarrea, por ejemplo, mata cada día en el mundo a unos 5.000 niños, uno cada 17 segundos.

El informe señala que el 10% de las enfermedades de todo el mundo se podrían evitar con la mejora del abastecimiento de agua, los servicios de saneamiento, la higiene y la gestión de los recursos hídricos.

A esto se añade que en los últimos 50 años, las extracciones de agua dulce se han triplicado y la superficie de tierras de regadío se han duplicado debido al crecimiento demográfico. La demanda anual de agua dulce será de 64.000 millones de metros cúbicos.

En este sentido, la agricultura es el sector que más agua consume representando el 70% del consumo total de agua, mientras que el agua destinada a usos industriales y la dedicada a usos domésticos representan un 20% y un 10%, respectivamente. Si no se mejora la productividad del agua destinada a usos agrícolas, es probable que su demanda a escala mundial aumente entre un 70% y un 90% en 2050.

El aumento de la producción de alimentos (sobre todo de carne y productos lácteos), de biocombustibles, y en general de energía (cuya demanda mundial se prevé que aumente en un 55% hasta 2030) también generarán un incremento del uso del agua.

Según los autores del informe, a pesar de las posibilidades que ofrecen los biocarburantes para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles, es probable que acaben ejerciendo una presión desmesurada sobre la biodiversidad y el medio ambiente, sobre todo, por los recursos y la tecnología que se utilizan actualmente para producirlos.

El papel del cambio climático. En 2030, el 47% de la población mundial vivirá en zonas donde la presión ejercida sobre los recursos hídricos será muy intensa. En 2020, entre 75 y 250 millones de habitantes de África sufrirán las consecuencias del incremento de las presiones ejercidas sobre los recursos hídricos a causa de la creciente desertificación del continente y su explotación por parte de los países industrializados.

La escasez de agua en algunas regiones áridas y semiáridas del planeta podría tener importantes repercusiones en las corrientes migratorias. Según las previsiones, el número de personas que podrían verse desplazadas a causa de esa escasez oscilaría entre 24 y 700 millones.

 

Se prevé que en 2030 unos 5.000 millones de personas, seguirán desprovistos de servicios adecuados de saneamiento. Con estas previsiones no parece que los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que indican que en 2015 más del 90% de la población mundial utilizará fuentes mejores de agua potable, se vayan a cumplir”.

Directiva Marco de Aguas

 

La entrada en vigor de la Directiva 2000/60/CE por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la Política de Aguas (DMA), implica una profunda revisión de la Política Ambiental Comunitaria en materia de aguas continentales y marinas, englobando en una sola herramienta administrativa numerosas Directivas y Decisiones del Consejo, que hasta su aprobación regulaban los distintos aspectos de esta política. La DMA prevé la derogación de estas herramientas legislativas, dando un plazo adecuado para la adaptación de la misma.

Transpuesta a la legislación española en 2004, la DMA sienta las bases de un nuevo paradigma poniendo el acento en la gestión eficiente, la recuperación de los ecosistemas hídricos y la participación social en las políticas del agua. La aprobación de esta Directiva supone la exigencia, en un periodo relativamente breve, de un cambio radical de las conductas en torno a la gestión del agua; toda vez que el documento, de obligado cumplimiento, pone el acento en la consideración del agua como un patrimonio que hay que proteger dejando en un segundo plano su papel como factor de producción.

Algunas de las principales consecuencias que esta Directiva tiene para la actual política hidráulica española son, entre otras, la mejora de la coordinación entre la Administración Central y las Autonómicas en tareas como la regularización de los vertidos indirectos, en principios como la reparación del daño en origen, o el criterio del que contamina paga; la incorporación de una red de control de parámetros biológicos, hasta ahora casi inexistente, para evaluar el estado ecológico de las aguas; la internalización de los costes del agua estimados en base a los análisis económicos que se realicen individualmente por cuencas hidrográficas y la necesidad de potenciar los Organismos de cuenca dotándoles de medios e infraestructura suficiente para abordar las tareas necesarias para llevar a buen fin los objetivos de la Directiva.

El Objetivo de la DMA es la consecución de la buena calidad ecológica en las masas de agua de la Unión Europea para el 2015.

La DMA ha introducido un cambio sustancial en el enfoque tradicional de las aguas al contemplar conjuntamente las masas de agua con los ecosistemas acuáticos a ellas asociados. Con ello, se pone de manifiesto el estrecho vínculo entre el recurso agua y el medioambiente, de manera que las actuaciones encaminadas a la protección, mejora y regeneración de las aguas, a la prevención y lucha contra la contaminación, puntual o difusa, al aseguramiento de un régimen de caudales ambientales, etc., se traduce en una mejora efectiva del medioambiente hídrico.

Con objeto de alcanzar el adecuado cumplimiento de la DMA en lo que al estado ecológico de las aguas se refiere, resulta necesario realizar una identificación de los distintos tipos de ecosistemas acuáticos existentes en cada demarcación hidrográfica, dentro de cada una de las categorías de masas de aguas superficiales definidas en la Directiva (aguas continentales, de transición y costeras).

La definición de las distintas demarcaciones hidrográficas por parte de los Estados Miembros conlleva la caracterización de las mismas y el establecimiento de diferentes tipos de masas de aguas en función de factores (o características) físicas y químicas que determinan la estructura y composición de la comunidad biológica de cada tipo.

Plan de Infraestructuras de Depuración

 

La Ley de Aguas de Andalucía -además de abordar una modernización del régimen económico y financiero del agua para garantizar los principios de equidad, eficiencia, calidad, responsabilidad medioambiental y transparencia- incorpora el criterio de recuperación de costes, previsto en la Directiva Marco de Aguas y de obligado cumplimiento para todos los países miembros de la Unión Europea.

La Ley contempla la aprobación de un plan de infraestructuras que completará la depuración en Andalucía y generará 25.000 empleos directos e indirectos.

Desde la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía se ha resaltado la importancia de la puesta en marcha de este Plan de Infraestructuras de Depuración para toda la Comunidad Autónoma que se aprobará dos meses después de la entrada en vigor de la nueva Ley de Aguas y que conseguirá completar el mapa de infraestructuras de depuración en toda Andalucía. El gobierno regional andaluz ha programado una inversión de casi 1800 millones de euros en 250 municipios para poder tratar óptimamente las aguas residuales de la comunidad autónoma de cara al 2015.

De esta forma, no sólo se cumplirá el principal objetivo marcado por la Directiva Marco de Agua (DMA) antes del año 2015, sino que también se dará un impulso a la creación de empleo en Andalucía.

Este compromiso se reflejará en la construcción de nuevas infraestructuras de depuración en toda Andalucía, para que el agua sea devuelta al medio natural en las mejores condiciones posibles y de este modo conseguir cumplir con la obligación marcada por Europa.

Desde la consejería señalan que la Ley de Aguas no sólo cumple con los objetivos de la Directiva Marco sino que es absolutamente respetuoso con el ordenamiento estatal, a la vez que lo complementa con las necesidades específicas de la Comunidad Autónoma Andaluza. En este sentido, la normativa andaluza respeta la gestión unificada de cuenca para la planificación hidrológica, a la vez que acerca la gestión diaria de los usuarios del agua a sus provincias para homogeneizar la prestación de un servicio de igual calidad para todos los andaluces.

En lo que respecta al régimen concesional de derechos de aprovechamientos de este recurso, tanto superficial como subterráneo, la Ley regula la constitución de los bancos públicos del agua en las distintas demarcaciones para conseguir la flexibilización del régimen concesional y dar así entrada a nuevos usos, que supongan un mayor valor añadido en términos de generación de riqueza y empleo, siempre que se respeten los derechos de titulares actuales.

La entrada de nuevos usos también será posible, gracias al ahorro de agua generado por la modernización de los regadíos, que supondrá un aprovechamiento más eficiente del recurso.

Finalmente, otra de las grandes novedades de la normativa andaluza es la creación y regulación del Observatorio Público del Agua, que será un instrumento clave para la participación pública y transparencia informativa en la gestión que la Administración llevará a cabo en materia hidráulica.

 

“Desde la Consejería de Medio Ambiente se ha resaltado la importancia de la puesta en marcha del Plan de Infraestructuras de Depuración para toda la Comunidad Autónoma que se aprobará dos meses después de la entrada en vigor de la nueva Ley de Aguas. Esto supondrá la construcción de 300 nuevas plantas depuradoras, gracias a una inversión de alrededor de 1.500 millones de euros”

Canon de mejoras de infraestructuras

Todas las aguas residuales de Andalucía deberán estar sometidas a tratamientos de depuración en 2015, según la obligación impuesta por la Unión Europea. El 10% de la población de la comunidad aún vive en municipios en los que no hay saneamiento de estas aguas. Se trata de 250 pequeñas localidades sin estaciones depuradoras. Para cumplir con la directiva marco de la UE se necesitarán en los próximos cinco años 1.765 millones, con los que se acometerán unas 300 obras.

Este dinero se recaudará a través del nuevo "canon de mejora de infraestructuras hidráulicas de depuración de interés de la comunidad autónoma". El impuesto empezará a aplicarse a partir de 2011, según dijo ayer el consejero de Medio Ambiente, José Juan Díaz Trillo. Y su carácter será finalista, es decir, el dinero que los Ayuntamientos recauden con el canon se dedicará exclusivamente a sufragar estas obras y tendrá la consideración de ingreso de la comunidad autónoma.

El canon de mejora de infraestructuras está recogido en la nueva Ley de Aguas. Este impuesto consta de dos tipos de cuotas, una fija y otra progresiva. La fija es de un euro para todos los hogares. La progresiva se aplica en función del consumo y va desde los 0,1 hasta los 0,6 euros. Según Díaz Trillo, la estimación que ha hecho su consejería es que una familia media pagará 1,2 euros al mes por este canon.

La Ley de Aguas establece otros tres tipos de cánones más. El primero es el de infraestructuras hidráulicas, que cada Ayuntamiento decidirá si lo aplica, pero de forma temporal y con el consentimiento de la Administración regional. Los otros dos son el de servicios generales y el de regulación y tarifa, que tendrán la consideración de ingreso propio del Gobierno autonómico.

Prácticamente la mitad de los Ayuntamientos de Andalucía ya aplican en sus facturas un canon de mejora de las infraestructuras. Sin embargo, según Medio Ambiente, el dinero que recaudan los Consistorios a través de esta tasa no siempre se emplea para las obras de mejora y construcción de las instalaciones de saneamiento.

Ley de la Comunidad Autónoma de Andalucía 9/2010, de Julio, de Aguas.

Sección 3ª

Canon de mejora de infraestructuras hidráulicas competencia de las entidades locales

 

Artículo 91

Establecimiento del canon

1. Las entidades locales titulares de las competencias de infraestructuras hidráulicas para el suministro de agua potable, redes de abastecimiento y, en su caso, depuración podrán solicitar a la Comunidad Autónoma el establecimiento con carácter temporal de la modalidad del canon de mejora regulado en esta Sección y en la sección 1ª de este capítulo.

2. A estos efectos se faculta a la consejería competente en materia de agua para establecer el canon a que se refiere el apartado anterior, fijando su cuantía conforme a las determinaciones contenidas en el artículo 94, su régimen de aplicación y la vigencia por el tiempo necesario para lograr con su rendimiento el fin al que va dirigido.

 

Artículo 92

Afectación

1. Los ingresos procedentes del canon de mejora quedan afectados a la financiación de las infraestructuras hidráulicas de suministro de agua potable, redes de saneamiento y, en su caso, depuración.

2. El pago de intereses y la amortización de créditos para la financiación de las infraestructuras antes mencionadas podrán garantizarse con cargo a la recaudación que se obtenga con el canon.

 

Artículo 93

Obligados tributarios

1. Son sujetos pasivos a título de contribuyentes las personas físicas o jurídicas, y las entidades a que se refiere el artículo 35.4 de la Ley General Tributaria, usuarias de los servicios de agua potable y saneamiento.

En los casos en que el servicio sea prestado por las entidades suministradoras, estas tendrán la consideración de sujetos pasivos como sustitutos del contribuyente.

2. A estos efectos, se considerarán entidades suministradores aquellas entidades públicas o privadas prestadoras de servicios de agua que gestionan el suministro del agua a los usuarios finales, incluidas las comunidades de usuarios previstas en el artículo 81 del Texto Refundido de la Ley de Aguas.

 

Artículo 94

Cuota íntegra

El canon de mejora podrá consistir en una cantidad fija por usuario, una cantidad variable, que deberá establecerse de forma progresiva y por tramos, en función de los metros cúbicos de agua facturados dentro del período de liquidación que se considere, o bien en la cantidad resultante de la aplicación conjunta de ambas, fijándose, en cada supuesto, en las cuantías necesarias para que la suma de los ingresos obtenidos durante la vigencia de la misma, sean los suficientes para cubrir las inversiones a realizar y, en su caso, los costes financieros que generen las mismas, y sin que su importe total pueda superar el de las tarifas vigentes de abastecimiento y saneamiento del agua.

 

Artículo 95

Período impositivo y devengo

El período impositivo coincidirá con el período de facturación de la entidad suministradora, devengándose el canon el último día de ese período impositivo.

 

Artículo 96

Aplicación del canon

La gestión del canon corresponderá a la respectiva entidad local, que determinará su forma de aplicación, así como el lugar y la forma de pago.

 

 

Nueva cultura del Agua

Estamos asistiendo a un crecimiento explosivo del consumo del agua y a una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Afrontar la escasez de agua requiere solucionar una serie de cuestiones que van desde la protección del medio ambiente y la interrupción del calentamiento global hasta un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico de toda la población mundial. Ello significa que no solamente el sector agrícola, si no todo el mundo, organismos internacionales, gobiernos, comunidades locales, etc., deben compartir la responsabilidad.

El agua ha sido considerada comúnmente como un recurso renovable, cuyo uso no se veía limitado por el peligro de agotamiento que afecta, por ejemplo, a los yacimientos minerales. Los textos escolares hablan, precisamente, del “ciclo del agua” que, a través de la evaporación y la lluvia, devuelve el agua a sus fuentes para engrosar los ríos, lagos y acuíferos subterráneos… y vuelta a empezar.

Y ha sido así mientras se ha mantenido un equilibrio en el que el volumen de agua utilizada no era superior al que ese ciclo del agua reponía. Pero el consumo de agua se ha disparado: a escala planetaria el consumo de agua potable se ha venido doblando últimamente cada 20 años, debido a la conjunción de los excesos de consumo de los países desarrollados y del crecimiento demográfico, con las consiguientes necesidades de alimentos.

La Conferencia de Mar del Plata, Argentina, celebrada en 1977, constituyó el comienzo de una serie de actividades globales en torno al agua que trataban de contribuir a nivel mundial a cambiar nuestras percepciones acerca de este recurso y a salir al paso de un problema grave y creciente que afecta cada vez más a la vida del planeta. Como se señala en el Primer Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “De todas las crisis, ya sean de orden social o relativas a los recursos naturales con las que nos enfrentamos los seres humanos, la crisis del agua es la que se encuentra en el corazón mismo de nuestra supervivencia y la de nuestro planeta”. Es necesario recordar a este respecto que aunque el agua es la sustancia más abundante del planeta solo el 2,53% del total es agua dulce, el resto agua salada.

La lista de conferencias y acuerdos internacionales que han tenido lugar a lo largo de las tres últimas décadas resulta ilustrativa de la creciente gravedad de la problemática del agua, situándola en el centro del debate sobre el desarrollo sostenible. Así, en el Segundo Foro Mundial del Agua, reunido en Holanda en el 2000, se alertaba de que la agricultura y ganadería consumían el 70-80% del agua dulce utilizada en el mundo, con una responsabilidad muy particular de las técnicas intensivas de los países desarrollados: “para producir un solo huevo en una granja industrial hacen falta 180 litros de agua: esto es 18 veces más de lo que tienen a su disposición cada día los pobres de la India” (Riechmann, 2003). Conviene saber que para obtener, por ejemplo, un litro de leche se precisan más de 3000 litros y para un kilo de carne más de 10000 litros (!). Ello ha conducido a introducir el concepto de “agua virtual”, que mide el agua necesaria para obtener un producto o realizar un servicio. Así como el concepto de “huella hídrica”, que representa la cantidad de agua que hace falta para sostener la actividad de una población dada y viene a completar el de huella ecológica.

Este crecimiento del consumo ha llevado, por ejemplo, a una explotación de los acuíferos subterráneos tan intensa que su nivel se ha reducido drásticamente. Como advierte Jorge Riechmann (2003), “a escala mundial, algunas regiones agrícolas (como las llanuras del norte de China, el sur de las Grandes Llanuras de EEUU, o gran parte de Oriente Próximo y el norte de África) están extrayendo aguas subterráneas más rápido de lo que el acuífero puede recargarse, una práctica obviamente insostenible”. (…) La sobreexplotación de los acuíferos los daña en muchos casos irreversiblemente, ya por intrusión marina si nos hallamos cerca de la costa (lo que provoca su salinización), ya por compactación y hundimiento de sus estructuras”.

Pero no se trata sólo de las aguas subterráneas: se ha tomado tanta agua de los ríos que, en algunos casos, su caudal ha disminuido drásticamente y apenas llega a su desembocadura, lo cual acaba produciendo irreversibles alteraciones ecológicas: pensemos que muchos peces desovan en el agua dulce que los ríos introducen en el mar y que muchas especies precisan de los nutrientes que esas aguas acarrean. Un caso extremo lo constituye la desaparición del mar de Aral, en el territorio de la antigua Unión Soviética, causada por la desviación de las aguas de los dos ríos que lo alimentaban para irrigar a gran escala el cultivo del algodón, que algunos califican como “la mayor catástrofe ecológica de la historia” (Chauveau, 2004).

Junto a este crecimiento explosivo del consumo del agua se ha producido y se sigue produciendo una seria degradación de su calidad debido a los vertidos de residuos contaminantes (metales pesados, hidrocarburos, pesticidas, fertilizantes…), muy superior a tasa o ritmo de asimilación de los ecosistemas naturales. Son conocidos, por ejemplo, los efectos de los fosfatos y otros nutrientes utilizados en los fertilizantes de síntesis sobre el agua de ríos y lagos, en los que provocan la muerte de parte de su flora y fauna por la reducción del contenido de oxígeno (eutrofización). Unos dos millones de toneladas de desechos son arrojados diariamente, según el Informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo, en aguas receptoras. Se estima que la producción mundial de aguas residuales es de aproximadamente 1500 km3 y asumiendo que un litro de aguas residuales contamina 8 litros de agua dulce, la carga mundial de contaminación puede ascender actualmente a los 12000 km3, siendo las poblaciones pobres las más afectadas, con un 50% de la población en los países en desarrollo expuesta a fuentes de agua contaminadas.

La Comisión Mundial del Agua ha alertado además del drástico descenso de los recursos hídricos provocado también por la degradación ambiental y, muy concretamente, por la deforestación y la pérdida de nieves perpetuas fruto del cambio climático: la lluvia ya no es retenida por la masa boscosa, ni tampoco en forma de nieve, lo que favorece la erosión y desertización. En el 2000 las reservas de agua en África eran la cuarta parte de las que existían medio siglo antes y en Asia y en América Latina un tercio y siguen disminuyendo mientras crecen la desertización y las prolongadas sequías. Y denuncia que 1200 millones de personas carecen de agua potable, mientras que a 3000 millones les falta agua para lavarse y no tienen un sistema de saneamiento aceptable.

Tocamos así un segundo problema: el de los graves desequilibrios en el acceso al agua: como promedio, cada habitante de la Tierra consume 600 metros cúbicos al año, de los que 50 son potables, lo que supone 137 litros al día. Pero un norteamericano consume más de 600 litros al día y un europeo entre 250 y 350 litros, mientras un habitante del África subsahariana tan solo entre 10 y 20 litros (Chauveau, 2004). De los 4400 millones de personas que viven en países en desarrollo, casi tres quintas partes carecen de saneamiento básico y un tercio no tienen acceso al agua potable. En consecuencia, en las últimas décadas del siglo XX hemos asistido a un fuerte rebrote de las enfermedades parasitarias asociado a las dificultades de acceso al agua potable y a carencias en los servicios de salud. La mayoría de los afectados por mortalidad y morbilidad relacionadas con el agua son niños menores de cinco años y como señala el informe de Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del Mundo: “la tragedia es que el peso de estas enfermedades es en gran parte evitable”.

Al propio tiempo, como se señala en la Declaración Europea por una Nueva Cultura del Agua, reproducida en la web http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php, de la Fundación Nueva Cultura del Agua, “el hecho de que más de 1.100 millones de personas no tengan garantizado el acceso al agua potable y de que más de 2.400 millones no tengan servicios básicos de saneamiento, mientras la salud de los ecosistemas acuáticos del planeta están al borde de la quiebra, ha sido el detonante de crecientes conflictos sociales y políticos en el mundo”.

En la actualidad, señala Duarte (2007), el 54 % del agua dulce terrestre ya está siendo utilizada por la humanidad y la mayor parte de los recursos hídricos (70%) se utilizan en agricultura, donde se mantienen sistemas de riego deficientes con grandes pérdidas de evaporación hasta del 60 %. Por su parte, la industria utiliza el 22 % de los recursos de agua globales y el 8% se destina a uso doméstico y servicios. Mientras la población se ha triplicado en las últimas siete décadas, el consumo de agua se ha multiplicado por seis.

Jacques Diouf, Director general de la FAO, comentaba en una entrevista en 2007, en torno al día Mundial del Agua (que ese año se dedicaba a cómo afrontar la escasez), que el acceso al agua está estrechamente ligado al cumplimiento de la mayoría de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que incluyen dentro del mismo plazo la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre para 2015, detener la expansión del VIH/SIDA y garantizar la educación primaria para todos los niños. “Afrontar la escasez de agua requiere solucionar una serie de cuestiones, no todas ellas directamente relacionadas con la agricultura. Van desde la protección del medio ambiente y el calentamiento global hasta establecer precios justos para los recursos hídricos y un reparto equitativo del agua para el riego, la industria y el consumo doméstico. Ello significa que no solamente el sector agrícola, si no todo el mundo, organismos internacionales, gobiernos, comunidades locales, deben compartir la responsabilidad”.

El problema del agua aparece así como un elemento central de la actual situación de emergencia planetaria (Vilches y Gil, 2003) y su solución –que exige el reconocimiento del derecho fundamental de todo ser humano a disponer de, por lo menos, 20 litros de agua potable diarios (Bovet, 2008, pp. 52-53)- sólo puede concebirse como parte de una reorientación global del desarrollo tecnocientífico, de la educación ciudadana y de las medidas políticas para la construcción de un futuro sostenible, superando la búsqueda de beneficios particulares a corto plazo y ajustando la economía a las exigencias de la ecología y del bienestar social global.

Conviene destacar que las posibilidades técnicas para resolver muchos de los problemas que hemos ido mencionando ya están disponibles. Existen, por ejemplo, numerosas técnicas para determinar la calidad de las aguas, los elementos y compuestos tóxicos que pueden tener, los microcontaminantes, basadas en las orientaciones de la OMS de límites permitidos para el agua destinada a la alimentación. También hay tecnologías contrastadas de tratamiento de aguas residuales, depuración de vertidos industriales, etc. Hay tecnologías sostenibles que no sólo procuran disminuir la contaminación, sino que tratan de prevenir los problemas. Y existen unos principios básicos fundamentales recomendados para los proyectos tecnológicos de depuradoras, basados en la máxima reutilización de aguas limpias y semilimpias, reducción de caudales, separación inmediata de residuos donde se producen, sin incorporarlos a las corrientes de desagüe, para tratarlos separadamente, etc.

También en lo que se refiere a impedir el agotamiento de los recursos de todo tipo (aguas subterráneas, bancos de pesca...) las técnicas y los planes de actuación ya están previstos y cuentan con formas de control extremadamente fiables, que van desde la vigilancia vía satélite al análisis genético de las capturas.

Por otra parte, estudios fiables de muy diversa procedencia (PNUD, Banco Mundial…) han mostrado que con inversiones relativamente modestas –apenas 9000 millones de dólares- habría agua y saneamiento para todos. En realidad bastaría con el 5% del gasto militar para lograr la reducción de la pobreza extrema con sus secuelas de enfermedad, hambre, analfabetismo…

Lo que falta, pues, es decisión responsable para llevar adelante los cambios necesarios. Algo que exige impulsar la educación para la sostenibilidad y, como parte de la misma, una Nueva Cultura del Agua: “Para asumir este reto se precisan cambios radicales en nuestras escalas de valores, en nuestra concepción de la naturaleza, en nuestros principios éticos, y en nuestros estilos de vida; es decir, existe la necesidad de un cambio cultural que se reconoce como la Nueva Cultura del Agua. Una Nueva Cultura que debe asumir una visión holística y reconocer las múltiples dimensiones de valores éticos, medioambientales, sociales, económicos, políticos, y emocionales integrados en los ecosistemas acuáticos. Tomando como base el principio universal del respeto a la vida, los ríos, los lagos, las fuentes, los humedales y los acuíferos deben ser considerados como Patrimonio de la Biosfera y deben ser gestionados por las comunidades y las instituciones públicas para garantizar una gestión equitativa y sostenible” (http://www.unizar.es/fnca/presentacion1.php).

Algunos enlaces de interés en este tema “Nueva cultura del agua”

-Agencia Europea del Medio Ambiente, Informes sobre el Agua en Europa
-Expo Zaragoza 2008, web Oficial de La Exposición Internacional, Agua y Desarrollo Sostenible
-Fundación Nueva Cultura del Agua
-Organización Mundial de la Salud, Decenio Internacional para la Acción, “El agua fuente de vida”, 2005-2015
-Programa AGUA. Ministerio de Medio Ambiente (España)
-UNESCO, Espacio dedicado a la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible, Recursos Hídricos
-UNESCO, Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos
Escasez de agua y sequía en la unión Europea:
UN WATER

 

 

Fuentes:

Guía para la calidad del Agua Potable. Organización Mundial para la Salud

III Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. ONU.

Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 23 de octubre de 2000, por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de aguas.

Ley de Aguas, Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía.