Cambio Climático

 

La desaparición

 

de las abejas

 

Albert Einstein profetizaba un negro futuro en el caso de que la abeja desapareciera de la faz de la tierra. “Al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”, dijo. Sólo con afirmaciones como ésta cabe destacar la importancia, para muchos desconocida, que para el medio ambiente tienen las abejas. Y según los últimos estudios, su población se está reduciendo.

 

La historia de las abejas ha acompañado a la de la humanidad. Desde sus comienzos, el ser humano ha saboreado la miel. Las abejas aparecieron sobre la Tierra hace 80 millones de años y ha acompañado al hombre en sus peregrinaciones. Algunas pinturas rupestres reflejan que el ser humano recolectaba la miel. Sobre los jeroglíficos, así como en representaciones de la Mesopotamia antigua y algunas de la China de los primeros siglos de nuestra era, se halla ilustrada la recolección de la miel. La tierra prometida era aquella donde corrían la leche y la miel. El producto de la abeja fue el primer edulcorante de la humanidad.

 

Si desaparecieran…

 

Se produciría un importante desequilibrio ecológico, según el director del Centro Andaluz de Apicultura Ecológica. Si la miel puede importarse, la polinización no. La falta de fertilización alteraría los ecosistemas. Las abejas, además de productoras de miel, son indispensables para la polinización de las flores y de las plantas. Este importante papel de las abejas en los ecosistemas silvestres lo destaca Francisco Puerta haciendo alusión a los estudios del servicio de Investigación Agraria de Estados Unidos. Según éstos, por cada dólar que las abejas producen de miel, producen veinte en polinización.

El papel de la abeja es muy importante en los diversos ciclos de la vida de diversas especies. Sin abejas no hay miel, pero sobretodo, no hay reproducción, desaparecen determinadas especies vegetales, con lo que desaparecen diversas especies animales. La apicultura tiene un valor incalculable en la conservación de nuestro medio ambiente por varias razones. En primer lugar, por su contribución a la polinización de plantas silvestres, generando semillas y frutos que perpetúan la cubierta vegetal natural, frenando la erosión, además de servir de base para la alimentación de muchas especies protegidas. Precisamente por aprovechar sin dañar recursos silvestres, es ideal como actividad en zonas donde peligra el mantenimiento del tejido rural, sirviendo de complemento a muchos sistemas agrícolas tradicionales.

El trabajo del apicultor, desarrollado frecuentemente en zonas naturales donde no existe otra actividad, actúa positivamente en la prevención de incendios y en el mantenimiento de las vías de acceso. Es evidente que si hablamos de una actividad humana totalmente integrada en el medio, esa es la apicultura.

Las abejas van a ser las responsables de polinizar el 80% de las plantas entomófilas (aquellas polinizadas por insectos), entre las que se van a encontrar muchísimas plantas silvestres y también un gran número de nuestros principales cultivos.

Cuando se alaban las virtudes de las abejas con la polinización, se trata esencialmente de la polinización cruzada, que no es otra que la que se produce entre flores de distintas plantas de la misma especie. En muchas especies de plantas es posible que se polinicen entre sí flores de la misma planta, o incluso que una flor se polinice a sí misma (autopolinización). A diferencia de ésta, con la polinización cruzada se produce un intercambio genético muy superior, generando diversidad y mayores posibilidades de adaptación a los permanentes cambios que se producen en el medio, permitiendo la supervivencia de las especies vegetales. Esto es especialmente importante en un entorno tan dinámico como el que encontramos en la zona climática mediterránea.

Realmente lo importante de la polinización son sus consecuencias, que no son otras que la formación de semillas y frutos. Una buena producción de semillas es fundamental en la recuperación vegetal de zonas degradadas, lugares donde un incendio, excesivo pastoreo, agricultura inadecuada o mala gestión han llevado al deterioro de la cubierta vegetal. En estas zonas, una adecuada polinización y formación de semillas favorece de forma notable la recuperación de la cubierta vegetal y la protección del suelo, evitando otros problemas añadidos como la erosión y la temida desertización que en tan alto grado afecta a nuestra tierra. Otra faceta positiva es la retención del agua, permitiendo su mejor absorción en el terreno y mayores posibilidades de disponer de ella en el futuro, además de prevenir riesgos de avenidas e inundación.

Un papel fundamental tienen también las abejas ayudando en la conservación de especies vegetales entomófilas en peligro, muchas de ellas endemismos de nuestros parques naturales y riquezas de la biodiversidad. Tal es el caso del Viburnum lantana o el Sorbus aria. En estas situaciones, la presencia de abejas aseguran la polinización y formación de semillas, colaborando en la regeneración de las especies.

La polinización de las abejas también es fundamental para mantener la abundancia y la diversidad animal. La abundancia de semillas, frutos y nuevas plantas, consecuencia de una buena polinización, va a ser fundamental en la alimentación de los animales, y no sólo de los silvestres, también de nuestra ganadería extensiva, y en última instancia de nosotros mismos.

Apicultura y agricultura

 

 Es necesario que exista una estrecha relación entre agricultores y apicultores, pues ambos se encuentran interesados en un proceso común. La protección adecuada de las abejas facilita la producción agrícola en cantidad y calidad en determinados casos, así como la producción de miel y otros productos derivados que permiten el desarrollo del sector apicultor.

Las aplicaciones de productos fitosanitarios sobre cultivos en floración, susceptibles de ser visitados por las abejas, representan un grave peligro para las mismas y para otros insectos polinizadores. Las recomendaciones que habitualmente se hacen al respecto, unido a la ejecución de buenas prácticas agrícolas en los procesos de cultivo, siempre que sean adoptadas conjuntamente y al unísono por agricultores y apicultores, deberán tener como consecuencia la ausencia de problemas en campo entre ambos sectores y el beneficio mutuo en sus respectivas producciones.

A la hora de elegir los productos fitosanitarios que se van a utilizar, hay que tomar en cuenta su clasificación toxicológica para abejas, que aparece reflejada en las correspondientes etiquetas, así como las informaciones que se den sobre el tipo de aplicación y demás recomendaciones de uso, ya que ello es fundamental para evitar o minimizar los riesgos para las abejas.

 

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