Forestación

 

La Dehesa

 

La dehesa es un sistema de aprovechamiento agrosilvopastoral del territorio único en Europa. Conforma un espacio en el que, durante generaciones, la actividad humana ha convivido en armonía con la conservación del medio natural y donde el desarrollo sostenible ha sido y puede seguir siendo una realidad.

 

Andalucía cuenta con algo más de 1,25 millones de hectáreas de dehesa, lo que supone aproximadamente el 14% del territorio regional y la mitad de la superficie española de este ecosistema (2,4 millones de hectáreas). Los principales enclaves son Sierra Morena y las serranías gaditanas. Según un estudio de caracterización socioeconómica elaborado por la Junta de Andalucía, el 27% del territorio andaluz (22.480 Km2) corresponde a los 128 municipios que tienen más de un cuarto de sus términos ocupados por dehesas.

En la Península Ibérica, Andalucía comparte este modo de explotación sostenible con Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla-León y la región portuguesa del Alentejo, principalmente. Su origen se encuentra en el aclaramiento y limpieza de los bosques originarios de encinas y alcornoques para integrar múltiples aprovechamientos asociados (cultivos, ganadería, pastos, caza, leña, corcho, etc.) sin alterar los equilibrios ecológicos. Actualmente, las principales actividades económicas se ligan al corcho (60% de la producción nacional) y al cerdo ibérico, el ganado ovino y el toro de lidia.
La rica diversidad biológica, el carácter de refugio para muchas de las especies amenazadas, el papel que desempeñan en territorios en los que apenas hay otras alternativas económicas, la producción de alimentos de gran valor añadido o el gran potencial para el desarrollo de la agricultura ecológica y el turismo rural, constituyen algunos de los rasgos más destacados de las dehesas.

Sin embargo, en la actualidad, las dehesas se enfrentan a diversos problemas. Los expertos señalan a la sobreexplotación y, sobre todo a la enfermedad de la seca en los encinares, como sus principales problemas actuales.

Según la propuesta de WWF, Euronatur y Fundación Mediterráneo (FMM), La dehesa en los Programas de Desarrollo Rural 2007-2013, un uso sostenible de la dehesa debe integrar la viabilidad socioeconómica de sus aprovechamientos con la conservación de sus habitats, especies y otros recursos naturales. Quizás los problemas medioambientales más ampliamente reconocidos de la dehesa sean la “seca” (deterioro y muerte de encinas y alcornoques producidos por una combinación de varios factores bióticos y abióticos), y la falta de regeneración del arbolado. Ambos problemas tienen, obviamente, repercusiones económicas claras y si no se actúa urgentemente para remediarlos, se podría asistir a una pérdida masiva del arbolado de las dehesas en los próximos años.

Según se desprende de la propuesta citada anteriormente, las principales prácticas de gestión o aprovechamiento que influyen en la sostenibilidad ambiental de la dehesa son:

 

Sobrepastoreo.

 

Aunque en general la carga ganadera en las dehesas es extremadamente baja comparada con las cargas comunes en otras partes de la UE, diversos expertos hacen referencia al fenómeno de las cargas excesivas, y a sus efectos perjudiciales para la regeneración del arbolado, y también para el buen estado de conservación del hábitat. Además de la carga total de ganado en una dehesa, otros factores claves parecen ser:

-El ganado está presente durante todo el año, cuando tradicionalmente se practicaba la trashumancia y por tanto los animales estaban ausentes durante los meses de verano cuando el recurso pascícola es menor.

- Las vallas han sustituido al pastor en muchas explotaciones, con la consecuencia de que el ganado pastorea libremente en lugar de ser guiado de manera controlada.

- El ganado vacuno ha ido sustituyendo al ovino y caprino. Las vacas son especialmente dañinas para los árboles pequeños, sobre todo en verano cuando faltan otros recursos pascícolas.

- En general, no se maneja el ganado en la dehesa de manera que favorezca la regeneración del arbolado (por ejemplo, acotando zonas durante varios años).

- Los planes de ordenación y gestión pastoral o silvopastoral son prácticamente inexistentes en las dehesas españolas.

El laboreo.

 

Para sembrar cultivos herbáceos (principalmente para producir cultivos forrajeros) y, al mismo tiempo, “limpiar” la maleza tiene el efecto de frenar o impedir la regeneración:

- El paso del arado, o de la grada, para desbrozar elimina los árboles nuevos.

- El arado daña las raíces superficiales de los árboles y puede contribuir a “la seca”.

- Sin embargo, los cultivos en la dehesa no son perjudiciales en sí mismos: también contribuyen a la diversidad del ecosistema y pueden favorecer a ciertas especies.

 

La selvicultura y las actividades forestales.

 

Son necesarias para mantener los aprovechamientos y el arbolado, sin embargo se perciben ciertas prácticas inadecuadas y algunas altamente dañinas para el hábitat y sus especies, por ejemplo:

 

- El desbroce mecanizado de grandes superficies puede causar importantes molestias a especies como la Cigüeña negra y el Lince ibérico, además de provocar erosión del suelo.

 

- Aunque un desbroce realizado en turno y de manera adecuada reduce la competencia arbolado-matorral por agua y nutrientes y disminuye el riesgo de propagación de incendios, si al desbroce no le sigue una gestión adecuada del área (siembra de cereal o pastos para reducir el tiempo y superficie de suelo desnudo, pastoreo adecuado, etc.) generalmente se ha de recurrir a desbroces continuados e intensos que pueden dar lugar a pérdidas de vigor importantes en el arbolado.

Por otro lado, está comprobado que la presencia de una cierta cobertura de matorral favorece la supervivencia de las plántulas en los primeros años de vida frente a las sequías estivales y el diente del ganado.

 

- Las podas y la extracción de corcho también pueden causar molestias a la Cigüeña negra, Buitre negro y al Águila imperial ibérica cuando se llevan a cabo en árboles ocupados por sus nidos o cerca de ellos en épocas inadecuadas.

 

- Las podas excesivas o mal ejecutadas (para leña o carbón vegetal) dejan los árboles debilitados y más vulnerables frente a posibles factores externos como plagas y enfermedades. Si bien la necesidad de las podas de formación al comienzo de la vida del árbol, no se pone en duda, los ensayos realizados hasta la fecha sobre podas de mantenimiento no demuestran sus efectos en la mejora de la fructificación. Además, existe una carencia de personal cualificado para realizarlas. Por tanto, estas podas son discutidas y cuestionadas en el ámbito científico y técnico, muy especialmente en momentos como los actuales en los que se observa un progresivo deterioro de las masas de Quercus.

- El descorche también es una práctica que supone un estrés para el árbol (aumenta la pérdida de agua a través de la superficie descorchada) y aumenta la susceptibilidad a plagas y enfermedades a través de las heridas y las herramientas utilizadas si la operación de descorche no se realiza de una manera adecuada.

 

- La manera más extendida de “regenerar” el arbolado es mediante plantaciones, que se realizan muchas veces con eliminación de la vegetación existente (sobre todo matorral), en lugar de favorecer la regeneración natural con sus beneficios para la comunidad de flora y fauna, para los suelos y para el equilibrio de CO2.

 

La caza. La tendencia hacia la gestión de la dehesa para favorecer sus recursos cinegéticos conduce a importantes cambios en el hábitat:

 

- En algunas fincas cinegéticas se mantiene una carga excesiva de caza mayor, lo que afecta a la calidad del hábitat, impidiendo, por ejemplo, la regeneración del arbolado.

 

- Los vallados pueden constituir una importante barrera para la fauna silvestre, cuando sustituyen a muretes tradicionales de piedra seca además de tener un gran impacto paisajístico.

Andalucía cuenta con algo más de 1,25 millones de hectáreas de dehesa, lo que supone aproximadamente el 14% del territorio regional y la mitad de la superficie española de este ecosistema (2,4 millones de hectáreas)”.

 

Fuentes:

WWF

Greenpeace

Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino

Consejería de Medio Ambiente