Forestación

2011, Año Internacional de los Bosques

El 20 de diciembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución (A/RES/61/193) por la que se declaraba 2011 Año Internacional de los Bosques. Esta celebración resultará útil para tomar mayor conciencia de que los bosques son parte integrante del desarrollo sostenible del planeta debido a los beneficios económicos, socioculturales y ambientales que proporcionan. Con este fin, se promoverá la acción internacional en pos de la ordenación sostenible, la conservación y el desarrollo de todo tipo de bosques, incluidos los árboles fuera de ellos.

Entre las actividades conmemorativas del Año Internacional de los Bosques figura el intercambio de conocimientos sobre estrategias prácticas que favorezcan la ordenación forestal sostenible y el retroceso de la deforestación y la degradación de los bosques. Con objeto de facilitar la organización de estas actividades, se alienta a los gobiernos a que establezcan comités nacionales y centros de coordinación en sus países respectivos, y a que aúnen sus esfuerzos a los de las organizaciones regionales e internacionales y las organizaciones de la sociedad civil.

 

La Secretaría del Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques (FNUB) será el centro de coordinación designado para la puesta en práctica del Año Internacional de los Bosques. Es la segunda vez que se asigna a los bosques su propio «año internacional». La primera fue en 1985, cuando el Consejo de la FAO pidió a todos los Estados Miembros que concedieran un reconocimiento especial a los bosques en el curso del año a fin de centrar la atención mundial en la necesidad de conservar y proteger los bosques; despertar la conciencia política y pública en lo relativo a los recursos forestales; identificar y poner de relieve los factores que amenazan a estos recursos forestales; y movilizar a la población, y en especial a los jóvenes, para que participasen en actividades orientadas hacia la protección de los bosques.

El Bosque Tropical, un paraíso en peligro

 

     21 de marzo, Día Forestal Mundial

 

“Los bosques, para las personas”

 

El 21 de marzo se celebra el Día Forestal Mundial. 2011 ha sido declarado por Naciones Unidas Año Internacional de los Bosques bajo el lema "Los bosques, para las personas". Una propuesta de calado internacional que pretende sensibilizar a la sociedad e incrementar la conciencia pública sobre los beneficios que proporcionan los ecosistemas forestales.

Los ecosistemas forestales ocupan en la actualidad unos 4.000 millones de hectáreas, casi una tercera parte de las tierras emergidas del planeta, lo que equivale a la mitad de la superficie que ocupaban hace unos 8.000 años. La situación actual de los terrenos forestales es compleja y difícil, ya que están sometidos a múltiples amenazas. La explotación, la ausencia de gestión, los incendios, el problema de las talas ilegales y su comercio asociado, el desarrollo urbanístico y el cambio climático son algunas de estas amenazas.

Tan sólo en la pasada década se produjo una pérdida neta de superficie forestal de 93,9 millones de hectáreas (5,6 millones de campos de fútbol al año), denuncia WWF. Durante este mismo periodo se transformaron bosques naturales en plantaciones agrícolas y forestales a un ritmo de 16,1 millones de hectáreas al año, el 94 % en zonas tropicales, siendo las plantaciones agrícolas las responsables del 70% de esta transformación.

La explotación forestalha causado importantes cambios en los bosques. Según datos de WWF, en la actualidad, el 5% de la superficie forestal mundial son plantaciones forestales, una superficie que ha venido incrementándose durante la pasada década a un ritmo medio de 3,1 millones de hectáreas al año, de los que la mitad se deben a la conversión de masas naturales. “Si a este panorama sumamos la situación de ausencia de gestión forestal de los bosques, los incendios forestales, el problema de las talas ilegales y su comercio asociado y el desarrollo urbanístico, podemos comprender que los bosques, con carácter general, están seriamente amenazados”, indican.
En España, la explotación intensiva de eucalipto y pino en las zonas de influencia atlántica y montaña, y el abandono e infrautilización de los productos y servicios ambientales, culturales y sociales de los montes más mediterráneos constituyen la principal problemática. “Tanto en uno como en otro caso, destaca la carencia de planificación territorial y la ausencia de gestión forestal, de hecho menos del 13% de la superficie forestalcuenta con un documento de gestión tal y como demanda la Ley de Montes, ni siquiera los incluidos en espacios de la Red Natura 2000”, denuncia la organización ecologista.

Deforestación

Las cifras de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) son rotundas en lo referente a la deforestación: el planeta pierde anualmente más de 14 millones de hectáreas de bosques. Más de 5 millones de km2 de bosques tropicales han sido talados entre 1960 y 1995, una superficie equivalente a diez veces España; Asia perdió un tercio de su superficie forestal, y África y América Latina perdieron el 18 por ciento cada una; durante la primera mitad de los años noventa, estas regiones continuaron perdiendo porciones significativas de su cobertura forestal; más de la mitad (el 57%) de la pérdida neta de bosques entre 1980 y 1995 tuvo lugar en sólo siete países: Brasil, Indonesia, Congo (Zaire), Bolivia, México, Venezuela y Malasia; los bosques tropicales secos, los manglares y los bosques templados húmedos de las Américas (Canadá, EE UU y Chile), han experimentado pérdidas muy altas.
Los bosques primarios están en situación crítica, denuncia Greenpeace. Más del 75% de los bosques primarios se localizan en tres grandes áreas: los bosques boreales de Canadá y Alaska, los bosques boreales de Rusia, y los bosques tropicales de la Amazonía y el escudo de las Guayanas. Sólo ocho países, Brasil, Surinam, Guyana, Canadá, Colombia, Venezuela, Rusia y Guayana Francesa, tienen grandes porciones de sus bosques originales en grandes extensiones de superficie continua. Pero la tala ilegal es uno de los fenómenos más graves que afectan a estas grandes áreas.

Greenpeace arroja las siguientes cifras: en 66 países no quedan bosques primarios y otros 11 están a punto de perderlos. Otros países que han perdido o alterado buena parte de sus bosques originales son Indonesia, Estados Unidos y Congo, pero aún tienen bosques primarios importantes. Fuera de Rusia, en Europa sólo queda el 0.3 por ciento del bosque primario en Suecia y Finlandia.

Los bosques templados son los más fragmentados y perturbados de todos los tipos de bosque. Los bosques secundarios y las plantaciones que sustituyen a la cubierta original son muy diferentes a los bosques primarios. En todo el mundo, por lo menos 180 millones de hectáreas de bosque se han convertido en plantaciones forestales. En los últimos 15 años, el área cubierta por plantaciones se dobló y se espera que se duplique de nuevo en los próximos 15 años.

Las condiciones particulares de la región del Mediterráneo norte que determinan el proceso de desertificación son:

-condiciones climáticas semiáridas que afectan a grandes zonas, sequías estacionales, extrema variabilidad de las lluvias y lluvias súbitas de gran intensidad

-suelos pobres con marcada tendencia a la erosión, propensos a la formación de cortezas superficiales

-un relieve desigual, con laderas escarpadas y paisajes muy diversificados

-grandes pérdidas de la cubierta forestal a causa de repetidos incendios de bosques

-condiciones de crisis en la agricultura tradicional, con el consiguiente abandono de tierras y deterioro del suelo y de las estructuras de conservación del agua

-ocasional explotación insostenible de los recursos hídricos, que es causa de graves daños ambientales, incluidos la contaminación química, la salinización y el agotamiento de los acuíferos

-concentración de la actividad económica en las zonas costeras como resultado del crecimiento urbano, las actividades industriales, el turismo y la agricultura de regadío.

La combinación de factores y procesos como la aridez, la sequía, la erosión, los incendios forestales o la sobreexplotación de acuíferos da origen a los distintos paisajes o escenarios en los que se desarrolla la desertificación en España.

“Las cifras de la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO) son rotundas en lo referente a la deforestación: el planeta pierde anualmente más de 14 millones de hectáreas de bosques”.

Incendios

En las dos últimas décadas se han registrado en nuestro país 20.000 incendios al año, que han calcinado cerca de 150.000 hectáreas anuales. Además, de los grandes incendios forestales, aquellos que afectan a más de 500 hectáreas y que apenas representan el 0,2% del total de los siniestros, se quema el 34% de la superficie total. Un desastre ecológico y medioambiental en el que en el 95% de los casos se encuentra detrás la mano del ser humano, destaca el informe Incendiómetro 2009: bosques en peligro frente al cambio climático, publicado por WWF. En este informe se clasifica a las comunidades autónomas según su vulnerabilidad ante los incendios forestales. Castilla-La Mancha, Castilla y León y Galicia encabezan, por este orden, la lista. Mientras, Madrid, Andalucía y Murcia destacan como las que tienen un menor riesgo de sufrir el impacto del fuego en sus bosques.

Los incendios en el mundo son responsables de aproximadamente el 20% de las emisiones de C02, unos 6.000 millones de toneladas al año. En el caso español, se cifran en 6 millones de toneladas de C02, cantidad equivalente a lo que emite una ciudad de un millón de habitantes como Sevilla o Zaragoza.

Cambio climático

Los incendios no sólo contribuyen a este problema, sino que, además, se verán a su vez agravados en un escenario climatológico que se recrudece. Los científicos advierten que en el próximo cuarto de siglo habrá temperaturas más elevadas, menos precipitaciones, aunque más intensas, y mayor velocidad del viento en verano.

Si en 2050 el aumento de la temperatura global supera los 2º C, habría entre dos y cuatro semanas más al año de riesgo extremo de incendios forestales en España.

Las consecuencias del cambio climático, por tanto, afectan directamente a los bosques en todo el planeta así como a las especies (incluidos los humanos) y a la vegetación que depende de estos hábitats. Las investigaciones demuestran que el cambio climático está secando nuestros bosques, lo que genera un mayor riesgo de incendios forestales dado el aumento de las temperaturas y el descenso de la humedad. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) estima que al menos un tercio de los bosques del planeta pueden sufrir las consecuencias adversas del cambio climático, especialmente en la zona boreal donde el calentamiento alcanzará la máxima intensidad. Los principales tipos de bosques que están experimentando los efectos más adversos e inmediatos del cambio climático son los bosques boreales, los tropicales de montaña, los costeros y los manglares.

Tiempo de adaptación. Dado que los árboles tienen un lento crecimiento, los bosques necesitan tiempo para adaptarse a los cambios medioambientales. Sin embargo, el índice estimado de calentamiento global y aumento del nivel de los mares implica que muchos tipos de bosques serán incapaces de adaptarse. Además, en zonas con alta densidad poblacional, no habrá espacio disponible para ampliar las zonas forestales.
Bosques mediterráneos y bosques tropicales de montaña. En el Mediterráneo, los veranos cada vez son más cálidos, secos y ventosos. Estos factores crean las condiciones ideales para que se produzcan más incendios forestales. A la vez se producen más lluvias y tormentas durante el invierno, lo que genera un aumento de la vegetación que, a su vez, se seca en verano convirtiéndose en combustible para los incendios.
Fauna afectada. La fauna está siendo afectada por estos cambios en su hábitat y por la escasez de agua. A medida que aumente la temperatura media, las especies tendrán que desplazarse a mayores latitudes en busca de hábitas más adecuados. Dado que los cambios están ocurriendo de una forma demasiado rápida para que puedan adaptarse las especies y los ecosistemas, se esperan extinciones locales y globales. Según las investigaciones, los hábitos migratorios de ciertas especies ya están empezando a modificarse.
Cómo influyen los bosques en el cambio climático. Cuando se destruyen y se degradan los bosques, el carbón es liberado a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, el gas de efecto invernadero más importante. A medida que se pierden bosques, se fomenta directamente el cambio climático.

Si en 2050 el aumento de la temperatura global supera los 2º C, habría entre dos y cuatro semanas más al año de riesgo extremo de incendios forestales en España”.

Espacio forestal andaluz

La diversidad y extensión del medio forestal andaluz hacen que se presente  como uno de los recursos naturales más preciados de nuestra comunidad. Los recursos económicos que genera el espacio forestal son muy abundantes y diversificados. Sin embargo, muchos otros recursos y funciones ambientales del espacio forestal pueden pasar desapercibidos al no estar valorados económicamente. Hablamos de la protección del suelo y su fertilización, la regulación hídrica o el mantenimiento de una fauna de gran interés ecológico.

El ámbito forestal en Andalucía representa el 52,6% de su superficie total. Dentro de este porcentaje, en la caracterización de los paisajes, destacan las Serranías que representan el 68,6% de los mismos. Por orden de representatividad, les siguen las Campiñas (14,1%), el Litoral (7,2%), los Altiplanos y Subdesiertos (6,1%) y por último la categoría de Valles, vegas y marismas (4,1%). Este carácter mayoritario de los paisajes serranos en el ámbito forestal se distribuye territorialmente entre paisajes de serranías de baja montaña (51,9% de los paisajes serranos) y paisajes de serranías de montaña media (que llegan 46,9% de los paisajes de serranías) relegando a los paisajes de serranías de alta montaña a una representatividad mínima (1,2% de este grupo de paisajes de sierra).

La gran riqueza biológica de estos espacios serranos, la importante función protectora que sobre el suelo ejerce la vegetación, el elevado valor paisajístico característico de las serranías, así como la numerosa población rural que en ellos reside, son variables que marcarán la futura política forestal en este ámbito.

Las quercíneas, integradas principalmente por encinas y alcornoques, son por representatividad territorial, el segundo grupo en extensión dentro de las formaciones vegetales presentes en el ámbito forestal andaluz. Con un elevado valor desde el punto de vista protector, albergan una elevada diversidad biológica correspondiéndose con la vegetación climática en gran parte del mediterráneo. Son también especies importantes desde el punto de vista de la restauración, aunque en muchas ocasiones su uso queda limitado por las condiciones del suelo.

En 1956 la representatividad de las quercíneas en el conjunto forestal andaluz era del 30,7% con 1.469.039 ha. La tendencia hasta 1989 supuso un descenso del 29,9% en las formaciones de quercíneas, bajando la representatividad de esta formación en el total forestal hasta el 22,1%. Las cifras para el año 2003 reflejan un cambio en la tendencia ya que, a lo largo de este período las superficies dominadas por quercíneas han aumentado un 28,3% hasta llegar a 1.320.327 hectáreas lo que representa un 28,7% del total forestal para 2003 en Andalucía.

Adecuación del Plan Forestal Andaluz hasta 2015

 

Este documento prevé la regeneración, mejora y repoblación de 290.000 hectáreas de terrenos y la creación de 19,5 millones de jornales en 517 municipios de la comunidad autónoma. Esta revisión, la tercera desde la entrada en vigor del plan en 1990, supondrá unas inversiones públicas de 2.444 millones de euros, cifra que supera en un 18% (375 millones) la de la anterior actualización correspondiente al periodo 2003-2008. El 53,3% de esta dotación financiera corresponde a la Administración autonómica, el 45% procederá de fondos europeos y el 1,7% del Gobierno central.

La actualización de este plan incide en el medio forestal andaluz en una triple dimensión -"territorial, social y económica"- y reforzará, entre otros aspectos, la creación de empleo y la fijación de la población en un territorio de importante presencia en la comunidad.

La nueva estrategia favorecerá el aprovechamiento de los recursos naturales y permitirá incrementar el suelo forestal en Andalucía, frente a la situación de otros lugares en los que "tiende a la desaparición".

La nueva planificación incluye siete grandes bloques. El de mayor presupuesto, con 635,6 millones de euros, se compone de programas para el control de la erosión, la lucha contra la desertificación y la restauración de ecosistemas degradados. En este capítulo se incluyen, entre otras previsiones, la realización de obras hidráulicas para fijar el suelo fértil y evitar inundaciones con un volumen total equivalente a 15.000 metros cúbicos de material.

El segundo conjunto de medidas, presupuestado en 586,7 millones de euros, corresponde al control de incendios. Entre otros proyectos, destaca la previsión de realizar tratamientos preventivos en 54.000 kilómetros de áreas cortafuegos.

En el ámbito más directamente relacionado con la actividad económica, la revisión del plan para los próximos seis años consigna una dotación de 488 millones de euros para fomentar el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales y su transformación y comercialización, a través de las distintas líneas de apoyo que gestiona la Administración autonómica. Con ello se pretende mantener e incrementar el valor económico de los montes andaluces, que la última valoración integral realizada por la Consejería de Medio Ambiente en 2007 cuantificó en 30.357 millones de euros incluyendo beneficios económicos y ambientales.

La planificación se completa con el programa de biodiversidad, geodiversidad y de gestión cinegética y piscícola (293,3 millones de euros); el específico para las zonas forestales situadas en espacios naturales protegidos (244,4 millones); el dirigido a mejorar e incrementar las infraestructuras de uso público en los montes (171,1 millones), y el correspondiente al seguimiento, prevención y control de plagas y enfermedades (24,4 millones).

En estos bloques de actuación destacan medidas como el deslinde y recuperación de más de 3.750 kilómetros de vías pecuarias; la adquisición de 28.000 hectáreas de terrenos forestales para su incorporación al patrimonio público de la comunidad autónoma y la creación de 8.000 nuevos kilómetros de caminos.

La nueva planificación incide en los equipamientos y el uso público de los espacios, supone una apuesta en la lucha contra el cambio climático y promueve las energías renovables mediante el uso de la biomasa resultante de los trabajos selvícolas.

Balance

El Plan Forestal Andaluz, iniciado en 1990 y con una vigencia de 60 años, tiene establecidas fases decenales de ejecución con revisiones cada cinco años, la primera de las cuales se aprobó en 1997. De acuerdo con los últimos datos de balance, correspondientes a 2007, sus primeros 18 primeros años de desarrollo han supuesto unas inversiones ejecutadas de 4.317 millones (un 0,8% más de las inicialmente previstas) y un empleo directo cuantificado en 50 millones de jornales.

Durante este periodo, el plan ha permitido repoblar más de 215.000 hectáreas y reforestar otras 150.000 de tierras agrícolas marginales. Asimismo, se han deslindado y recuperado 6.500 kilómetros de vías pecuarias, a lo que se suma la creación de alrededor de 1.500 equipamientos de uso público.

La última revisión del plan, correspondiente al periodo 2003-2008, se saldó con unas inversiones de 2.069 millones de euros (un 11,6% más de las inicialmente programadas); 18,5 millones de jornales; la regeneración de 217.400 hectáreas de terrenos anteriormente desarbolados o degradados (de ellos, 37.934 directamente repoblados); la producción en viveros de más de 243 millones de plantas autóctonas, y el deslinde de 5.746 kilómetros de vías pecuarias.

Los bosques, matorrales y pastizales ocupan actualmente en Andalucía 4,6 millones de hectáreas en Andalucía. Esta cifra supone el 53% del territorio regional, frente al 17% de España y el 31% de la Unión Europea.

De la superficie forestal total de la comunidad autónoma, el 39,4% está ocupada por especies frondosas, fundamentalmente encinas y alcornoques, y el 15,7% por coníferas, mientras que el matorral representa un 34% y las plantas herbáceas un 10,9%. Según el régimen de propiedad, el 24,8% de las tierras forestales son de titularidad pública y el 75,2% está en manos privadas

 

Alcornoque, la especie forestal reina

El alcornoque es la especie mejor adaptada y dotada para sobrevivir y dominar en su ecosistema, a lo largo de varios millones de hectáreas alrededor del Mediterráneo occidental. De forma natural, forma bosques densos que albergan a una gran variedad de especies de fauna y flora, convirtiendo a estas masas en verdaderas reservas ecológicas. Además de su enorme riqueza en términos de biodiversidad, los alcornocales bien gestionados proporcionan servicios ambientales como la protección contra la erosión, la recarga de acuíferos, la inhibición de la expansión de los incendios, el freno a la desertización; la mayor parte de los alcornocales se encuentran en el límite con zonas áridas; si desaparecieran los alcornocales del norte de África y sur de la Península ibérica, el desierto avanzaría.

Los alcornocales aparecen casi en exclusiva en Portugal, España, Argelia, Marruecos, Francia, Túnez e Italia. Sus formaciones están presentes en casi todas las islas del mediterráneo occidental: Cerdeña, Córcega, Sicilia, Menorca, y también se presentan de forma puntual en algunos países del mediterráneo oriental: Croacia, Albania y Grecia. Los alcornocales representan uno de los mejores ejemplos de interacción entre las personas y la naturaleza de la región. En estos territorios, los bosques de alto valor para la conservación se combinan con sistemas agrícolas, que integran usos de agricultura extensiva, forestales, de pastos, caza y usos recreativos. Además de proporcionar una fuente de ingresos para cientos de miles de personas en la región, los alcornocales contienen una rica biodiversidad, incluyendo especies en peligro de extinción. Sin embargo, durante la última década, políticas mal orientadas, la gestión forestal inadecuada y un cambio en el mercado del corcho han dado lugar a una degradación y pérdida de estos hábitats únicos.

En la Península Ibérica es donde se concentra la mayor superficie de alcornocales. Entre España y Portugal reúnen en torno al millón de hectáreas, lo que representa aproximadamente la mitad de su área de distribución mundial.

Los alcornocales tienen su principal valor económico en el corcho, material escaso e insustituible del que Andalucía aporta casi la mitad de las 100.000 toneladas que cada año se extraen en España. El Parque Natural de los Alcornocales, entre Cádiz y Málaga, alberga la mayor extensión mundial de este tipo de bosque, con 120.000 hectáreas.

Encinares y alcornocales permiten en Andalucía, al igual que en Extremadura y en el Alentejo portugués, la conformación de un sistema único en Europa de explotación combinada de los recursos ganaderos, agrícolas y forestales: la dehesa. En ella, el paisaje natural se ve matizado por una intervención humana que ha sabido sacarle el máximo provecho respetando los equilibrios ecológicos. Su origen se encuentra el aclaramiento y la limpieza de los bosques originarios para integrar múltiples aprovechamientos asociados (cultivos, pastos, caza, leña, corcho, miel...). La dehesa ocupa en Andalucía unas 780.000 hectáreas, con una especial presencia en toda Sierra Morena y en las zonas montañosas de la provincia de Cádiz.

Valor ecológico de los alcornocales

Fauna. En los bosques y dehesas de alcornoque viven más de 400 especies de vertebrados, la mayor parte de ellas especies protegidas y muchas de ellas amenazadas de extinción a nivel mundial. Entre éstas destacan aves como el águila imperial, el buitre negro o la cigüeña negra, y mamíferos como el lince ibérico. Las dehesas de alcornoques también son un lugar de gran importancia para la invernada de aves procedentes del centro y norte de Europa, destacando la invernada de la casi totalidad de la población europea occidental de grullas y una parte importante de las palomas torcaces, zorzales y otras. Las especies más destacables serían: águila imperial, lince, buitre negro y cigüeña negra.

Flora y vegetación. Los alcornocales en sus diversas formas y áreas de distribución albergan una gran variedad de flora, del orden probablemente de miles de especies, siendo en este aspecto los alcornocales de Cádiz especialmente ricos, con numerosas especies de plantas únicas en el mundo o compartidas únicamente con zonas similares del Norte de Marruecos.

Según algunos estudios, los pastizales de las dehesas pueden ser los sistemas con más diversidad de plantas herbáceas por m2 del mundo, lo que se debe a la antigüedad de este uso de los bosques, al que se han ido adaptando numerosas plantas. También numerosos tipos de hongos, entre ellos diversas especies que sólo viven con el alcornoque, se desarrollan en este tipo de bosques.

Suelos, agua y clima. Los bosques de alcornoques, situados en zonas de clima mediterráneo sujetos continuamente al riesgo de desertificación, constituyen una verdadera frontera verde frente a los problemas de pérdida de suelos y de recursos hídricos. El arbolado y su matorral acompañante cumplen numerosas funciones ambientales de gran importancia tanto a escala local o regional como de todo el Mediterráneo:

-Creación y protección de los suelos. Los árboles con sus raíces retienen el suelo, al mismo tiempo que con las copas reducen la fuerza con la que el agua de las lluvias torrenciales erosiona el terreno. También producen nuevo y fértil suelo gracias a los nutrientes que bombean de profundidad con sus raíces y al follaje que desprenden continuamente.

-Regulación régimen hídrico. Al retener el agua de lluvia con sus copas y hacer que caiga de forma más progresiva, ayuda a la infiltración del agua en el terreno. También, la sombra del arbolado y la protección frente al viento reduce la evaporación y aumenta la disponibilidad de agua en las secas zonas mediterráneas.

-Sumidero de carbono. Los bosques son unos de los grandes almacenes de carbono de la tierra, en este momento en que se temen las consecuencias del efecto invernadero en el clima de la tierra. No sólo en los troncos, ramas y hojas de los árboles, sino también en sus raíces, en la madera muerta y en la materia orgánica del suelo.

“El alcornoque es la especie mejor adaptada y dotada para sobrevivir y dominar en su ecosistema, a lo largo de varios millones de hectáreas alrededor del Mediterráneo occidental. De forma natural, forma bosques densos que albergan a una gran variedad de especies de fauna y flora, convirtiendo a estas masas en verdaderas reservas ecológicas”.

Principales amenazas

Además de la presión humana creciente sobre los recursos, con sobrepastoreo, explotación excesiva y talas en los bosques; la conversión de los bosques en plantaciones de árboles de crecimiento rápido; las malas prácticas de gestión forestal; abandono de la tierra; el desarrollo urbanístico en áreas costeras y los incendios forestales, el análisis de la situación actual de los alcornocales en España, realizado por WWF/Adena en colaboración con un grupo de expertos en la materia, nos ofrece el siguiente diagnóstico general:

Crisis ambiental. Existe una degradación ambiental debida a un débil estado de salud cuyo síntoma principal es la conocida “Seca” de los Quercus y a menudo un empobrecimiento de la biodiversidad en las masas de alcornocal. Por otra parte, al igual que otros muchos ecosistemas forestales mediterráneos españoles, los alcornocales adolecen de una inapropiada o ausente gestión (bien por abandono, bien por intensificación de algunos aprovechamientos, se ha perdido el equilibrio centenario entre la intervención humana y la conservación de la naturaleza).

Crisis económica. La economía del sistema alcornocal es frágil y se basa en gran medida en ayudas económicas en muchos casos conducentes a facilitar unos ingresos a corto plazo al propietario del monte pero perjudiciales para la conservación a medio o largo plazo, particularmente por no potenciar y asegurar una regeneración del arbolado que está envejeciendo y perdiendo su vigor. Tanto los aprovechamientos de productos diferentes al corcho, como los usos secundarios de éste están en regresión y la industria de tapones sintéticos amenaza el mercado del tapón de corcho con campañas agresivas desacreditando las cualidades de este material.

El cambio Climático. Todos los problemas ambientales y económicos se van a ver exacerbados por el cambioclimático que va a afectar irremediablemente a los alcornocales, obligando a nuevas distribuciones espaciales de acuerdo a las características climáticas previstas por el IPCC. Actualmente ya se está evidenciando los efectos del cambio climático en los alcornocales que los hace más vulnerables al ataque de enfermedades, plagas e incendios forestales.

Si en 2050 el aumento de la temperatura global supera los 2º C, habría entre dos y cuatro semanas más al año de riesgo extremo de incendios forestales en España”.